Pequeñas lecciones de vida: Perder

Hace unos días, medio en broma medio en serio, salió de mi boca la siguiente expresión: “No me gusta perder. Por no perder, no pierdo ni el autobús”.

Y es que detrás de cada broma se esconde una gran verdad.

En ese momento, mi interlocutor podía haber interpretado mi comentario de diversas maneras, casi todas ellas legítimas y, probablemente, correctas.

No me gusta perder cuando juego a algo. ¿Acaso a alguien le gusta? No es una experiencia grata, y eso de “lo importante es participar” no sirve de mucho consuelo. Desde mi punto de vista, lo importante es pasarlo bien, aunque sea mirando. Y si puedes ganar, qué quieres que te diga, mejor que mejor. Sin embargo, esta connotación de “perder” no es la más dolorosa, ni con mucho la más grave, aunque hay personas que hacen de ello un auténtico drama.

llaves en la palma de la mano blanco y negro

Tampoco me gusta perder objetos. Resulta molesto y fastidioso tener que hurgar en el bolso, palpando todo tipo de contenidos, hasta dar con las dichosas llaves, o dar vueltas por la casa como una gallina sin cabeza a la búsqueda de un móvil que, con una intención muy distinta, has silenciado previamente, lo que hace más divertida la tarea. Y tratas de defenderte diciendo: “No lo he perdido, simplemente no sé dónde está…”

Asimismo, tampoco nos agrada sentir que nos estamos perdiendo algo. Estoy segura de que no soy la única a la que se le queda corto el tiempo y desea tener muchas experiencias, hacer muchas actividades… y renunciar a alguna de ellas conlleva ese sentimiento de “cómo me gustaría haber podido hacerlo, haber estado allí…”. Por desgracia, hasta ahora no se ha descubierto la manera de estar presente en varios lugares y desempeñar distintas tareas a la vez. Hacer un plan, desarrollar una actividad, cualquiera que sea, implica renunciar a otras opciones en las que podríamos emplear ese tiempo. Y la renuncia no es algo sencillo.

angel of grief esculturaEl sentimiento de pérdida es, según mi parecer, el más complejo y doloroso de los mencionados hasta ahora. El vacío que queda al alejarnos de alguien, o cuando alguien se aleja de nosotros (según sea por decisión propia o ajena) y desde luego, el que queda cuando alguien cercano a nosotros fallece, es en ocasiones inmenso. Forma parte de eso que los psicólogos llamamos “proceso de duelo”. Resulta difícil lidiar con ello y supone, en muchos casos, un esfuerzo y un desgaste emocional importante.

Si estoy acostumbrada a alguna de las acepciones de “perder”, es a su forma reflexiva, “perderse”, en el sentido de desorientarse. Los que me conocéis seguramente habéis presenciado alguna muestra de mi inexistente sentido de la orientación… Por suerte, lo tengo asumido y el humor me ayuda, tanto a mi como a los que me rodean, a encajar escenas tan absurdas (y tan frecuentes) como perder el coche en un parking o desubicarme tratando de encontrar un lugar en el que, para más inri, ya he estado varias veces.

brújula sobre mapa
Paradójicamente, desde que dije la frase que da pie a este post, he perdido, en sus cinco acepciones.

Y sí, también he perdido el autobús.

Sin embargo, por suerte, no es lo mismo andar perdido que perderse, ni estar perdiendo que estar derrotado. Y por mucho que perdamos, por muchas pérdidas que suframos y por muy perdidos/as que nos sintamos, cualquier pérdida se puede afrontar mientras no nos perdamos a nosotros mismos.

Todo irá bien mientras no te pierdas a ti.

Y si te pierdes, recuerda que, en ocasiones, perderse es la mejor manera de encontrarse a uno mismo.

María Jimenez

María JiménezVisita mi web@May_Jim_Al

 

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2 comentarios en “Pequeñas lecciones de vida: Perder

  1. […] En realidad es peor todavía, se me olvidó cómo se soñaba. Podemos entrar en argumentos y excusas de cómo he llegado a esta situación, que puede ser que sea la tuya: el entorno que te dice que estamos en crisis, las compañías que se ahogan en la queja y pesadumbre, en uno mismo que se deja influir por ese lado oscuro que se hace un ovillo y ya no quiere hacer nada porque ha perdido tantas veces  y de todas las maneras cómo comentaba la compañera María Jiménez…  […]

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