De propósitos y despropósitos

Esta mañana he ido a un kiosko con la idea de actualizar las revistas de la sala de espera de la consulta. Sí, de vez en cuando hay que hacer estas cosas, aunque el hecho de que en los espacios de espera sólo haya material desfasado forma parte del saber popular… (Si quieres conocer el secreto de este curioso fenómeno, puedes leerlo en este artículo y otro día lo comentamos). La cuestión es que no ha sido fácil hacerlo. Desde las portadas de las publicaciones me han asaltado innumerables imágenes de gente muy atractiva practicando deporte con titulares superpuestos del tipo “Año nuevo, nuevo reto”, “Cuerpo de portada en 3 meses”“Adiós a la barriga”“Tu año fit empieza ahora”… Y un largo e inquietante etcétera. Tengo que reconocer que me he sentido algo molesta.

Imagen cortesía de Stuart Miles/FreeDigitalPhotos.net

Imagen cortesía de Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.net

¿Qué pasa en enero que uno tiene que poner su vida patas arriba y cambiar su hábitos?

Pues los propósitos de Año Nuevo. Otro fenómeno de lo más curioso.

Hay dos momentos clave en el que nos entra esta locura colectiva de buenas intenciones: el 31 de diciembre y la “vuelta al cole”. Percibimos que comienza una nueva etapa, hacemos balance (algunos, otros se saltan este paso y pasan directamente a la acción, o mejor dicho, a la intención, que “del dicho al hecho… Hay un trecho”) y nos proponemos hacer cambios en nuestro día a día. En realidad, este momento del año puede ser tan bueno, o tan malo, como cualquier otro.

Quiero invitarte a hacer memoria:¿Recuerdas cuáles eran tus intenciones en septiembre? ¿Cuáles fueron tus propósitos para el 2014? ¿Y el año anterior?

En ésto de los propósitos también hay “trending topics”. Tal vez alguno te resulte familiar: perder peso, hacer ejercicio, dejar de fumar, aprender idiomas, apuntarse a *inserte su actividad aquí*, comer sano, leer más, pasar más tiempo con la familia…

Imagen extraída de Inmediatika.es

Imagen extraída de Inmediatika.es

La cuestión es que queda muy bonito todo esto de las buenas intenciones, de decir que “de este año no pasa”… Pero sí, el año pasa… Y no pasa lo que tiene que pasar. Si éste es tu caso, no te desmoralices: formas parte del 88% de la población, pues, según un estudio llevado a cabo por el psicólogo Richard Wiseman, sólo el 12% de las personas consigue cumplir con los propósitos que se plantea al comenzar el año.

Entonces, ¿qué hacemos?, ¿”reciclamos” la lista del año pasado una vez más?, ¿nos dejamos de propósitos y pasamos el año sin definir objetivos, navegando a la deriva?…

Son dos posibilidades, sin embargo quizá la más constructiva consista en analizar qué está ocurriendo y por qué razón pasan de nuevo 12 meses y tenemos que convivir con la frustración de no estar cumpliendo las metas establecidas.

Antes de fijar tus nuevos objetivos, plantéate dos cuestiones:

1. ¿Por qué quiero hacer ésto?

2. ¿Para qué quiero hacer ésto?

Si te parece que me he equivocado y he escrito dos veces la misma pregunta… Vuelve a leer: La primera pregunta, por qué, indaga en la causa, en el origen de tu objetivo, mientras que el para qué cuestiona las consecuencias, el fin de ese objetivo. El pasado jueves, en el programa de radio (te recuerdo que puedes escucharnos en directo a las 21:00 en Radio Kras, 105.FM), puse un ejemplo banal pero bastante fácil de comprender: Si te has propuesto adelgazar, digamos, 10kg, puedes querer hacerlo porque te ves gordit@, pero quizá quieras hacerlo para darle en los morros a tu cuñad@ en la próxima reunión familiar… ¿Ves la diferencia?.

En todo caso, cuando nos proponemos algo, tenemos que explorar cuál es nuestra motivación. Si una y otra vez tenemos los mismos propósitos, quizá ese aspecto que queremos cambiar, ese nuevo hábito que queremos adquirir, tenga que ver con algo valioso para nosotros. Sin embargo, debemos tener en cuenta que existen dos principales motivos de abandono: la falta de constancia y una incorrecta definición de la meta (que es, en muchas ocasiones, la causa de esa falta de constancia).

Imagen cortesía de Digitalert/FreeDigitalPhotos.net

Imagen cortesía de Digitalert  FreeDigitalPhotos.net

Cae por su propio peso, pero si realmente deseas cumplir con ese propósito que te has fijado, necesitas un plan: cuanto mejor definas tu objetivo, más sencillo será alcanzarlo. Si eres capaz de fragmentarlo en pequeños logros más asequibles y objetivables y concretar qué conductas vas a llevar a cabo para alcanzarlos, así como en qué momentos del día o de la semana vas a hacerlo, ya tienes hecha la mitad del trabajo: resultará más difícil que las fuerzas te flaqueen y acabes perdiendo la motivación por sentir que tu meta es demasiado lejana y parece inalcanzable.

Otro ejemplo: No es lo mismo decirte cada día “tengo que aprender Inglés” o “tengo que bajar 10kg” que “hoy voy a aprender 10 palabras nuevas en el descanso de la comida y repasar las de ayer” o “durante el día de hoy hoy voy a beber dos litros de agua y voy a caminar 30 minutos”. En la segunda opción puedes controlar tus avances, comprobar el cumplimiento de los dos objetivos y, por si fuera poco, puedes emplear recursos externos para ayudarte, ¡se han desarrollado un montón de apps para facilitarte la tarea!.

Si además consigues encontrar motivación en la propia actividad, se multiplicarán tus posibilidades de ser constante. Ten en cuenta que establecer un hábito requiere tiempo. Hay quien dice que se tarda 21 días, sin embargo los resultados de algunos estudios apuntan que la media es de poco más de dos meses (66 días exactamente, aunque los tiempos varían en función de factores individuales y de la actividad en cuestión).

Importane: ¡No olvides registrar tus avances! Parece una simpleza, pero anotar en un calendario los días que cumples tu objetivo, o incluso construir una gráfica que muestre tu evolución, puede ayudarte a mantener fresca tu motivación. Y, por supuesto, recuerda premiarte de vez en cuando. Sí, lo que has leído: premiarte. En plan Super Nanny. Las medidas de contingencia funcionan, y constituyen la base de la modificación de conducta, así que aprovecha…

Aunque hace un rato que vengo usando los conceptos “propósito” y “objetivo” como sinónimos, quiero aclarar que no lo son, y que, de hecho, el abandono de un propósito no tiene por qué significar el abandono de un objetivo.

Desconozco los datos en la población española, pero de acuerdo con el British Military Fitness, un tercio de los nuevos socios abandona el gimnasio al finalizar el mes de enero. En EEUU la cifra ronda el 80%.

Y así, la cuesta de enero de muchos se convierte en el agosto de gimnasios y nutricionistas…

Si formas parte de los desertores, no te culpabilices. Quizá, sencillamente, hayas encontrado una manera en la que no quieres/no disfrutas/no te gusta acercarte al objetivo. Siguiendo con los ejemplos, quizá sea verdad que no tienes tiempo para clases presenciales de Inglés, pero puedes apuntarte a algún curso online y administrar tu tiempo, o escuchar audios de conversación de camino al trabajo, o acudir a una de esas cafeterías en las que puedes practicar la conversación (si vives en Gijón, en el CMX hay grupos gratuitos de conversación en Inglés y Alemán, ya no tienes excusa). Si eso de caminar te resulta poco estimulante, tal vez lo tuyo sea la bici, o el baile, o el zumbaNo te rindas aún, busca otro camino para alcanzar esa meta.

En fin… Estoy segura de que, en estas fechas se han publicado cientos de entradas con pautas para cumplir tus propósitos de Año Nuevo. Si a pesar de todo desistes, si no logras incorporar esa nueva actividad en tu rutina y acabas por abandonar… Quizá sea porque realmente no lo necesitas. En todo caso, espero que cada día cuando hagas (o pases de hacer) aquello que te propusiste el primero de enero, seas consecuente contigo mismo.

La coherencia es un propósito que todos debemos practicar a diario.

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Un comentario en “De propósitos y despropósitos

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