Alertas rojas en las relaciones: ¿Cuándo decido alejarme?

En las relaciones, cuando ambas partes tienen el mismo compromiso, contribuyen de manera equitativa a la relación, piden disculpas y enmiendan los comportamientos que han causado daño al otro, no hay problema que no se pueda enfrentar. ¿No os parece?.

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A priori, podríamos decir que, cuando estas condiciones se cumplen, no hay motivos para que una relación se rompa, sea ésta de amistad, de familia, de pareja o una relación laboral.

No obstante, y por duro que sea aceptarlo, las relaciones se terminan. ¿Cómo tomamos esa decisión? ¿Cómo sabemos que es el momento? Quizá sea útil estar atentos a las señales y comprobar si se dan algunas de las alertas rojas de las que hablaremos hoy.

Cuando se trata de una relación sana y sucede algo que hace que una o las dos partes se enfaden o se sientan heridas (muchas veces ambas emociones vienen de la mano) y se quiere resolver la situación, el proceso de reconciliación es relativamente sencillo: Nos sentimos seguros y expresamos nuestros pensamientos, sentimientos y necesidades sabiendo que nuestra perspectiva será escuchada, tenida en cuenta y respetada. Se piden disculpas sinceras sin grandes esfuerzos y el perdón llega de manera inmediata, sin condiciones ni demoras. Y, por supuesto, se llevan a cabo cambios comportamentales para evitar vernos en la misma tesitura cuando afrontemos situaciones similares.

Asumimos que, en una relación sana donde hay compromiso con el otro, la relación es importante para ambas partes, y éstas actúan en consecuencia, mostrando voluntad por esquivar los baches y reparando los daños tan pronto se tiene conciencia de ellos. 

obstáculo perseverancia resiliencia superación psicologo gijonSeamos realistas: La comunicación no puede ser siempre efectiva. Son múltiples, y a veces encubiertos, los elementos que pueden obstaculizarla. En el trabajo en consulta con personas que tratan de resolver sus dificultades relacionales resulta patente la influencia que el trauma, el dolor emocional y los disparadores tienen sobre la efectividad de la comunicación: Constituyen auténticas barreras.  Y no podemos actuar como si no existieran sin pegarnos unos cuantos trompazos. Cuando, como adultos responsables, tratamos de hacernos cargo de nuestros problemas y constituir relaciones emocionalmente sanas, intentamos tomar conciencia y reparar la situación cuando esto se produce.

No obstante, en ocasiones sucede que intentas resolver una situación con alguien y, aunque pongas todo tu empeño, el problema acaba siendo aún mayor que cuando la conversación comenzó. Quizá os ha sucedido alguna vez… A mí me ha ocurrido, y resulta confuso, frustrante y agotador. Nuestros esfuerzos por escuchar y ser escuchados, por entender y ser entendidos, caen en saco roto y acabamos dudando de nosotros mismos, cuestionándonos nuestro propio juicio… Desconcertados y confundidos, nos planteamos si la otra persona estará poniendo algo más en este asunto. Algo que nosotros desconocemos…

Cuando la historia de vida de alguien le ha llevado a sentir que cometer errores o estar equivocado es peligroso y ha aprendido que resulta imposible o inútil pedir disculpas, la conversación y el intercambio de argumentos con esa persona se convierte en algo irracional e innecesariamente difícil. No va a ser posible acercarse a una resolución. Al menos, no a una que convenga a las dos partes…

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Cuando una persona no puede asumir su responsabilidad ni disculparse, utiliza todas las estrategias que se le ocurren para escapar de las situaciones en las que se le piden cuentas de sus acciones. Su objetivo no es el mismo que el tuyo: No quiere resolver el problema. Lo que pretende es asegurarse de que sus errores y lo inapropiado de su comportamiento no se convierta en un tema de conversación, sino que siga en la sombra. Intenta, a toda costa, ocultar sus fallos. ¿Cómo lo hace? ¿Qué estrategias utiliza? Aquí van unas cuantas: 

  • Minimizar el asunto

Con esta estrategia pretende convencerte de que lo que planteas es tan insignificante que no merece la pena siquiera hablar de ello. Y si insistes en hacerlo, eres irracional y estás exagerando.

Quizá escuches algo así como “no vamos a tener problemas por eso…”, “te pones así por cosas tuyas, yo no he hecho nada malo”. Otra opción es negar incluso que sucedió. Lo que estás poniendo sobre la mesa, que tanto te molestó, es tan tonto e insignificante que la otra persona ni siquiera lo recuerda… Ante esta situación, lo más probable es que te retires, sintiendo que igual ha sido cosa tuya y has exagerado un poco…

  • Desarmarte

Esta jugada trata de convencerte de que tu problema con ellos es irracional y es  únicamente cosa tuya. Usando estrategias pasivo-agresivas o una comunicación abiertamente agresiva trata de desestabilizarte. Pucheros, lágrimas, un comportamiento dramático o victimista… O un tono de voz elevado acompañado de gestos amplios e invasivos. Todo vale. Incluso las disculpas. Pero ¡cuidado! si aparecen disculpas, poco tendrán que ver con aquello de lo que iba la conversación… Serán algo más amplio, general y extremo, algo así como “¡Siento ser una persona tan horrible!”, “Lamento haberte arruinado la vida”. 

El objetivo es que te sientas mal por haber sacado la cuestión a relucir, convencerte de que no tiene sentido que pienses que cometió ningún error, porque es inocente. Más inocente que nadie. Al final, puedes llegar a pensar que eres un/a chungo/a o egoísta por sentirte mal por su comportamiento. El problema no lo causó la otra persona, lo originas tú por enfadarte. Y él/ella, sólo es tu víctima. Nunca hizo nada malo.

  • Cambiar el foco

Esta estrategia se usa para distraer la atención y entretenerte con otros asuntos. Cuando se da cuenta de que tu preocupación y malestar se centran en un fallo suyo, contrarrestará tu crítica con otra.

Intentará que la conversación de un giro hacia lo que tú has hecho mal o el daño que tú les has hecho con tu actitud. E incluso si hay algo de cierto y has cometido errores, de nada servirá que los asumas y te disculpes. Su objetivo es asegurarse de que la cuestión sean tus defectos, no los suyos.

Quizá, después de un rato, acabes pidiendo disculpas y prometiendo un cambio de actitud y de conducta, olvidando tu intención inicial. Y te preguntes cómo has podido comportarte de forma tan injusta. Ya está, conseguido: Te ha liado.

  • Justificar el comportamiento

Esta jugada pretende hacerte creer que su comportamiento está justificado y es plenamente válido. Quiere convencerte de que, incluso si han hecho algo mal, su comportamiento contaba con autorización y no tiene que disculparse. 

Los maltratadores utilizan esta estrategia para convencer a sus víctimas de que el abuso estaba justificado por algo que la víctima dijo o hizo. Se lo merecía. Lo provocó. Fue culpa suya.

Y, para tu desgracia, esto va a ser todo lo cerca que esta persona va a estar de admitir que ha hecho algo malo. Este reconocimiento parcial de responsabilidad no significa gran cosa, puesto que, dado que te va a convencer de que lo que hizo es válido y tiene sentido, se va a librar de las consecuencias igualmente. 

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¿Qué hacemos entonces?

Una persona que emplea estas estrategias es alguien emocionalmente frágil e incapaz de afrontar los problemas de manera madura y efectiva. Debido a su dificultad para crear vínculos sanos y participar en relaciones de afecto y respeto mutuos, su capacidad para crecer, evolucionar y cambiar es limitada. Sus relaciones serán inestables, insatisfactorias y sin una auténtica conexión emocional.

Quizá no tenga demasiada conciencia de las estrategias disfuncionales que emplea, sin embargo es, seguramente, una persona tan herida, tan vulnerable y asustada de que se la reconozca como alguien imperfecto que hará todo lo que esté en sus manos para evitar rendir cuentas. Consciente o inconscientemente.

¿Puede cambiar? Pues, como siempre, depende de la persona. Hace falta una gran fortaleza y madurez emocional para hacer frente al trauma que originó esa gran dificultad para reconocer sus propios fallos. La terapia, ya sabéis, es de valientes. 

También a ti te va a hacer falta una enorme atención y fortaleza para lidiar con sus estrategias, ver más allá de sus jugadas y no perderte en sus enredos. Aun así, la situación puede no mejorar. Pueden ocurrir dos cosas: que asuma su responsabilidad y se ponga manos a la obra o que sus estrategias se vuelvan más agresivas y la situación empeore para quienes tiene cerca…

La construcción de una relación sana, satisfactoria, profunda y emocionalmente conectada requiere del compromiso y dedicación de todas las partes implicadas. Para poder aportar mi parte, tengo que mirarme al espejo y ver mis propias cicatrices. Reconocerme como alguien vulnerable e imperfecto. A partir de ahí, construimos. 

Si no estamos dispuestos a eso, no podemos acusar a los demás cuando decidan alejarse…

 

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Aprendiendo a convivir con la diferencia

Quienes tenemos mascotas sabemos bien lo mucho que enriquecen nuestra vida: Se convierten en parte de la familia y en fuente de momentos tiernos y divertidos.

A través de la relación con ellos, aprendemos lecciones valiosas sobre la convivencia y sobre la vida. Sin embargo, no todos los animales tienen la suerte de dar con una familia acogedora y convivir con humanos que los cuiden…

En este corto, protagonizado por un gato callejero y un pitbull sometido a malos tratos, hay ocultos múltiples mensajes: El respeto a los animales, el obstáculo que suponen los prejuicios, la paciencia y la tolerancia de las diferencias en la construcción de la amistad, la importancia de una buena compañía cuando la vida no nos sonríe…

Espero que lo disfrutes.

Desmontando la masculinidad tóxica

“Lo mejor para el hombre”. ¿Qué es lo mejor para el hombre?

La compañía Gillette ha convertido su eslogan en pregunta para cuestionar la masculinidad hegemónica que hasta ahora invadía la publicidad. En su último spot aparecen situaciones de acoso escolar, homofobia, acoso sexual, mansplaining… Sin duda, la respuesta es no. Ésto no es lo mejor para los niños de hoy, que serán los hombres del futuro.

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La campaña, que apela a los hombres para que se deshagan de la masculinidad tóxica afeitándosela ha causado un gran revuelo. Hay quien celebra esta iniciativa, sin embargo algunos sectores de la población la critican fuertemente, proponiendo sabotear a la compañía que visibiliza y critica situaciones que reflejan una masculinidad agresiva e irrespetuosa.

Gillette asegura, a través de su página web, que en la actualidad “muchos hombres se encuentran en una encrucijada, atrapados entre el pasado y una nueva era de la masculinidad”. Tomando en consideración la influencia que la publicidad, en sus distintos formatos, tiene en la cultura, asume el compromiso de desafiar activamente los estereotipos y las expectativas de lo que significa ser un hombre”.

Tal como afirma la voz en off del anuncio, algo ha cambiado y no se puede volver atrás.