Big Little Lies (segunda parte): La víctima NUNCA es culpable.

Terminábamos el post de la semana pasada sobre la miniserie Big Little Lies reflexionando sobre la violencia dentro de la pareja, otro de los contextos en los que se produce de manera demasiado habitual el “victim blaming”, culpabilizar a la víctima de lo que sucede.
Os pongo en contexto:
Una de las protagonistas está casada con un tipo encantador: atento, atractivo, con buena posición económica, buen padre… La pareja perfecta. Pero tienen un secreto: Él la maltrata, y tras cada agresión, tienen relaciones sexuales violentas. No estoy segura de hasta qué punto consentidas. Y sabemos cómo se llama eso. Vemos, capítulo tras capítulo, cómo él la somete, la obliga a abandonar su trabajo e incluso la coacciona con tener otro hijo cuando ella se plantea retomar su vida laboral. Su terapeuta poco a poco la acompaña en el proceso de tomar conciencia: Aunque no lo quiere creer, esta mujer es víctima. Al comienzo, como todas, niega los malos tratos y justifica el comportamiento de su marido. ¿A ti también te suena?.
celeste big little lies
 En una escena que me pone los pelos de punta, la profesional le cuenta qué pasaría si en ese momento fueran a juicio: ya que ella nunca le ha contado a nadie lo que sucede y hace verdaderas maravillas con maquillaje para cubrir sus moratones, no tiene ninguna prueba. Su discurso es el de que su marido es y ha sido siempre un padre ejemplar, lo que coincide con la imagen que todos cuantos les conocen tienen de él. Resulta sencillo imaginar que la defensa alegaría que ella, la verdadera víctima, se ha inventado el maltrato para poder conseguir la custodia de los niños. Una vez más, se apunta a la víctima como culpable.
¿Cuántas veces has escuchado que una mujer se quedó embarazada para cazar a un tío? Qué mal hablamos de nosotras entre nosotras… Sin embargo, no se habla de las veces que son ellos, los varones, quienes insisten en formalizar la relación, tener descendencia, que ella se ocupe de los niños y se quede en casa, convirtiéndose en madre a tiempo completo. Así, la mujer se aísla, se vuelve económicamente dependiente y se hace más difícil romper la relación. Porque, después de todo… ¿dónde va a ir? ¿de qué va a vivir?… Quizá esta historia también te resulta familiar…
Culpar de todo a las mujeres es sexista. Como veis, se hace constantemente, de manera natural y en muchos casos sin siquiera plantearnos que hay otras alternativas. Y aquí entra en juego un concepto que suena a nuevo, pero es tan viejo como el fuego: La Sororidad. En una sociedad patriarcal en las que se nos acusa de todo y se fomenta la enemistad y la competitividad entre nosotras, funcionar como un equipo, siendo solidarias entre nosotras resulta por desgracia novedoso.

big little lies café

Mientras escribo me vienen a la cabeza numerosas historias que, en el cine, la literatura, las series y en nuestro día a día, son protagonizadas por mujeres que se enfrentan entre sí. Echadle un vistazo mental rápido a las películas de dibujos animados, por ejemplo. Historias que todos conocemos, versionadas hasta la saciedad y basadas muchas veces en cuentos populares. ¿En cuántas de ellas la princesa (con suerte, protagonista, aunque con frecuencia a la sombra de un varón) se enfrenta a otra mujer y se pasan gran parte de la trama tirándose de los pelos? La Madrastra y Blancanieves, Maléfica y Aurora, Fiona y el Hada Madrina, Ariel y Úrsula…

Quizá las mujeres de esta historia tengan problemas entre ellas, pero son capaces de unirse para protegerse y cuidarse. Sus desacuerdos y redecillas pasan a un segundo plano cuando descubren que una de ellas está en problemas. Hay un culpable. Uno, y varón. Ellas son o han sido víctimas. Y se unen para derrotarlo. Resulta emocionante.

Y es que juntas somos más fuertes. Quizá invencibles.

big little lies playa

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Big Little Lies: Mujeres que son mucho más que madres

Nos ha alcanzado el tiempo de mantita y peli. Sí, parecía que no llegaría, pero el otoño se ha instalado ya y el mal tiempo contribuye a que pasemos más tiempo “entre cuatro paredes”. Una forma constructiva, y bastante común entre los homo sapiens, por cierto, de entretenernos durante la hibernación, consiste en ver series.

No soy yo muy de patrocinios de pantalla, entre otras cosas porque no veo mucha tele, pero tengo que deciros que estos días vivo con el alma en vilo por una historia: Big Little Lies.

La serie, adaptación de la novela de Liane Moriarty, arranca con la investigación de un crimen, del que no conoceremos la víctima ni el/la perpetrador/a hasta el séptimo y último capítulo. Las declaraciones de los testigos se intercalan en la historia y van alumbrando la trama y aportando información sobre las relaciones entre los personajes. La banda sonora, que resulta fascinante, está compuesta por las curiosas elecciones musicales de Chloe, la hija 7 años de una de las protagonistas.

encuentro frente al colegio big little lies

Os confieso que tengo un montón de motivos, profesionales y personales, para recomendaros a todxs, heteros, gays, cis, trans, solteros, emparejados, viudos y al mundo adulto en general, el visionado de los 7 capítulos de esta miniserie. Allá van algunos de mis porqués (Ojo, contiene *SPOILERS*):

  • Historia protagonizada por Mujeres

Por mujeres, sí. Mujeres y madres, pero mujeres primero. Las tres protagonistas, Madeline, Celeste y Jane (encarnadas por Reese Witherspoon, Nicole Kidman y Shailene Woodley respectivamente y nominadas a un montón de premios todas ellas) son madres, pero la maternidad no es el eje en torno al cual giran sus vidas. No son solamente “madres de”, y son sus conflictos personales, no los de las vidas de sus parejas o sus hijos, los que sostienen la trama argumental. Aunque las familias aparecen, ocupan un papel secundario.

  • La edad de las mujeres
No se concreta, aunque parece que todas ellas, excepto Jane, superan los 40. Nos hemos acostumbrado a incoherencias en lo que respecta a la edad de las mujeres en la pantalla: jóvenes en la veintena o en la treintena temprana interpretando a madres de adolescentes. El salto resulta llamativo: la mujer, objeto de deseo, en un intervalo de tiempo muy corto se convierte en madre de la adolescente, nuevo objeto de deseo. Echo de menos, en todo caso, un poco más de diversidad. Aunque concuerda con el contexto en el que se desarrolla la historia, todas ellas excepto una son caucásicas y esbeltas, sólo faltan las mechas rubias para cumplir el cliché.
  • Concienciación sobre temas polémicos
El punto de vista femenino sobre temas como la violación o los malos tratos en la pareja, tan poco tenido en cuenta, es para mi el principal atractivo del planteamiento de esta historia. Son múltiples las agresiones machistas que aparecen en la historia, y en ellas ocurre algo por desgracia demasiado frecuente en la vida real: se culpa a la víctima, dudando de la veracidad de su testimonio y se empatiza con el agresor.
Este “victim blaming”, que dirían los angloparlantes, se repite una y otra vez:
En el primer capítulo una de las niñas aparece con hematomas en el cuello y afirma que uno de los niños ha intentado estrangularla. Me parece asombrosa la reacción de los adultos en esta escena: A nadie le preocupa si está bien, si tiene miedo, si puede volver a ocurrir… Al mundo adulto sólo parece preocuparle si está diciendo la verdad. Porque existe la posibilidad de que las víctimas mientan, claro. Una vez más: empatizamos con el agresor, culpamos a la víctima.
big little lies niños
Ocurre una violación, que además culmina en embarazo. Durante la escena, queda claro que la víctima acompañó al agresor al dormitorio porque quería, llevaba un vestido, tenía intención de acostarse con él y había bebido. Aunque no cabe duda de que se trata de una violación y, por tanto, un delito, todos estos factores se aúnan y contribuyen a que se proceda a culpabilizar a la mujer. Cierto es que ella estaba preciosa con su vestido, se había tomado unas copas y que quería tener relaciones con él. Pero en ningún caso. Repito: EN NINGÚN CASO nada de esto justifica que el tipo le dé un puñetazo, la deje k.o. y proceda a satisfacer sus impulsos sexuales con un cuerpo semiinconsciente e indefenso.
3. Malos tratos en la pareja
El maltrato en la pareja supone, una vez más, una situación invisibilizada y justificada. El discurso político y social, aunque ha mejorado en las últimas décadas, aún va en la dirección de recordar a las mujeres que no deben permitir abusos, no deben dejar que sus novios les miren el móvil y el manido “no esperes, denuncia”. Rara vez va en la dirección contraria: no violes, no mires el móvil, no agredas. Respeta, joder. Respeta.

 

¿Has visto la serie? ¿Te han entrado ganas de verla? Me encantará leer tu opinión.

La semana que viene continuaré reflexionando sobre los malos tratos en la pareja y las relaciones entre las mujeres de esta miniserie. Quizá hasta entonces tengas ocasión de ver algún capítulo…

¡Hasta el próximo post!

15 libros infantiles para mini-feministas

Esta tarde de domingo, buscando lecturas para compartir en el proyecto de Primera Infancia de Cruz Roja en el que participo, he ido a dar con esta recopilación, que no tiene desperdicio.

Porque niños y grandes tenemos mucho que aprender sobre identidad, género y valores. Y nunca es demasiado pronto, ni demasiado tarde, para educar en la igualdad.

¡Disfrutad de la lectura!

Un Pastiche

Durante la niñez, el discurso socialmente elaborado ejerce un rol de extrema importancia en la construcción de los géneros. Los patrones culturales son enseñados, reforzados y legitimados por medio de imágenes, ideas y actitudes que se transmiten por la educación formal e informal.

Por eso, es esencial introducir tanto a las niñas como a los niños a representaciones exentas de estereotipos de género desde una temprana edad, así como a contenidos que les ayuden a ir desconstruyendo mensajes sexistas a las cuales van a estar expuestxs al largo de su crecimiento.

Un importante instrumento de socialización durante la primera infancia es la literatura e, incluso antes de que sepan leer por cuenta propia, los cuentos y libros pueden ser leídos por los adultos responsables por la crianza, presentándoles una diversidad de formas de ser y vivir y dándoles alas a su imaginación.

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