Cuando fracasar no es un fracaso: Relaciones fallidas y otros asuntos del corazón

Tanto dentro como fuera de la consulta me encuentro constantemente con personas a las que han roto el corazón.

También yo he pasado por eso. Y es que los psicólogos, aunque no os lo creáis, somos humanos. Y tenemos papás, hermanos, tíos, primos, hijos y parejas. Y nos enfadamos, lloramos, perdemos los papeles de vez en cuando… Y sí, ¡También nos enamoramos! Por desgracia, tampoco para nosotros hay garantías de que las cosas vayan a ir bien, pues mantener una relación de pareja, como cualquier tipo de relación, requiere de un trabajo constante, respeto por el otro, atención a las necesidades de las dos partes implicadas… Como te imaginas, como seguramente hayas experimentado, con quererse no basta.

tristeza ruptura corazónY las historias se acaban. Y la mayoría de las veces, uno sale herido sin importar el papel que haya desempeñado. Dejado o dejador, ningún rol es fácil. Creo, sinceramente, que ninguna ruptura es bonita. Aunque uno lo vea desde otro prisma con el tiempo y la experiencia y a veces hasta dé gracias por que esa relación haya finalizado. Incluso si con el tiempo se recuerda con cariño a la otra persona. Romper duele. Y a veces, muchísimo.

La cuestión es, y es de lo que va el vídeo que quiero compartir hoy con vosotros, que a veces uno se siente un fracasado. Y no. El verdadero fracaso es continuar en una relación en la que no te sientes a gusto. Es mirar para otro lado cuando hay señales de que es necesario revisar y cambiar la manera de relacionarse. Es no tomar decisiones. Ése es el verdadero fracaso.

Pablo Piñeiro, un joven polifacético y enamorado del amor, nos habla en esta charla TEDx de su experiencia escuchando historias de personas que, como tú y como yo, han pasado por ello y nos cuenta sobre el aprendizaje del amor y el desamor. Desde la humildad y el humor, nos lleva a sacar conclusiones constructivas de una experiencia que puede ser muy dolorosa, pero vista con otra luz, puede enseñarnos mucho.

 

 

¿Qué opinas tú? ¿Has extraído alguna lección importante de tus rupturas?

Me encantará leer vuestros comentarios.

¡Hasta el próximo post!

El complejo de Jonás: “No soy capaz de lograrlo”

Comenzamos la semana con una nueva publicación de la serie sobre síndromes y complejos con nombres literarios. Esta vez no será Disney quien arroje luz sobre la historia del personaje que nos atañe; ya contamos con su ayuda para hablar del Síndrome de Blancanieves y del tándem Peter Pan y Wendy. Hoy tomaremos como punto de partida un fragmento del libro más vendido de todos los tiempos: La Biblia.

Biblia antiguaJonás es uno de los profetas cuya historia se relata en el Antiguo Testamento. No sólo aparece en el libro sagrado del Cristianismo, sino que es citado también en el Corán. Aunque debe su fama al dudoso mérito de ser tragado y escupido tres días después por una ballena, la verdad es que uno de los libros de la Biblia lleva su nombre; y es que la escena del cetáceo es sólo una parte de sus periplos…

La parte de la historia de Jonás que nos interesa para comprender el complejo al que Abraham Maslow bautizó con su nombre es aquella en la que Yahvé le encarga a Jonás la realización de una tarea: debe viajar a la ciudad pagana de Nínive y anunciar a sus habitantes el mensaje de su pronta destrucción. Jonás duda de su capacidad para cumplir con la encomendación y huye, dando pie con esto a una serie de sucesos que dificultan su supervivencia y, valga decirlo, tampoco benefician a los personajes que le rodean.

Y bien, ¿qué tiene este relato bíblico que ver con nosotros? Maslow, uno de los padres de la Psicología Humanista, emplea esta historia para ilustrar como en muchas ocasiones la inseguridad sobre nuestras habilidades y competencias nos provoca tal ansiedad y temor al fracaso que, como Jonás, pisamos el acelerador (metafóricamente hablando) en dirección opuesta a la tarea que tenemos que cumplir, o a la meta que queremos alcanzar. De esta manera, nos autosaboteamos, alejándonos del éxito, ya no por nuestra incompetencia o por los errores que potencialmente podamos cometer en el camino, sino por no asumir el riesgo de fallar y por el temor a las consecuencias de que las cosas salgan bien.

Maslow plantea que las personas no sólo tememos al fracaso: también tenemos miedo al éxito, nos asusta alcanzar nuestras máximas posibilidades. Podemos fantasear, vislumbrarnos alcanzando todo aquello que deseamos, siendo las mejores versiones de nosotros mismos… Pero al mismo tiempo, nos aterroriza la posibilidad de lograrlo: podemos anticipar que, además de admiración y respeto, quizá despertemos envidias, que nuestro entorno puede responder de manera hostil y que, el éxito puede, por tanto, acarrearnos consecuencias negativas. Y, como a nadie le gusta tener miedo, para evitarlo, nos autolimitamos. Nos escondemos, nos quedamos en nuestra zona de confort, en nuestro refugio.

Atrapados, como Jonás en la ballena.

Jonás en la ballena

Resulta paradójico cómo, si confiásemos en nosotros y en nuestro potencial, la situación podría ser resuelta. Sin embargo, nos sentimos insegurosla posibilidad de éxito nos aterra y nos lleva a poner en marcha una serie de planes, a emprender una serie de acciones que, como decíamos, no sólo no nos acercan a nuestros objetivos, sino que se convierten en sí mismas en obstáculos a superar. En pocas palabras: los intentos de solución a un problema que no existe se convierten en sí mismos en problemas.

Si te sientes identificad@ con esta historia y crees que, de algún modo, tú también te estás boicoteando, alejándote de aquello que deseas y podrías alcanzar y conformándote con una mediocre versión de ti mism@, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Al igual que Jonás, tú también puedes “salir de la ballena”.