El error de Otelo: ¿Qué ha desencadenado la emoción?

El síndrome de Otelo toma su nombre de la popular tragedia de William Shakespeare, «Otelo, el moro de Venecia», escrita en 1603.

Otelo William Shakespeare Síndrome PsicologiaLa obra, que gira en torno a una compleja trama amorosa que no desvelaremos aquí, tiene en los celos uno de sus temas principales. En esta ocasión se trata de celos infundados, provocados por la mala intención de algunos de los personajes y alimentados por una serie de desafortunados malentendidos… Pero las consecuencias resultan trágicas e irreversibles: la obra acaba con la muerte de varios personajes, entre ellos Desdémona, esposa de Otelo, quien, presa de los celos asesina a su mujer y después se suicida.

Por desgracia, prácticamente cada semana nos llegan noticias a través de los medios de comunicación de algún final tan terrible como éste.

alone-513525_1280La clave del síndrome de Otelo reside en el hecho de que el personaje confunde la causa de la expresión emocional de su mujer: Desdémona mostraba miedo, sí. Pero temía no ser creída por su marido, quien sospechaba que ella le engañaba. Éste, sin embargo, atribuyó a ese miedo un origen distinto: consideró que el miedo de su esposa era una prueba más de su infidelidad, que ella se mostraba aterrada ante la idea de ser descubierta y castigada por su flagrante adulterio.

Podemos encontrar en Internet numerosos artículos sobre este síndrome, su causas y consecuencias, su relación con distintos trastornos clínicos y con el consumo de sustancias, su análisis desde la Sexología, las dificultades relacionales de las personas que lo padecen… Si quieres leer sobre ello, te recomendamos el articulo del blog «Sobre Psiquiatría, Adicciones, Neurociencias…».

Nuestro objetivo hoy no es analizarlo en profundidad, sino hacer énfasis en algo mucho más general que supone la base de este síndrome y que podemos resumir en una sola frase:

Las expresiones emocionales no nos revelan su causa, por lo que sería un error darla por supuesto (el «error de Otelo»).

chica triste mirando al suelo psicologia emocionesCon frecuencia realizamos atribuciones erróneas sobre el origen de los estados de ánimo de las personas que nos rodean. Muchos factores interfieren en nuestra interpretación de una expresión emocional: nuestro propio estado de ánimo, nuestras actitudes, expectativas y prejuicios e incluso lo que queremos o no queremos creer (porque nos beneficia en el primer caso y podría perjudicarnos en el segundo).

Tener en cuenta la situación en la que las evidencias de la emoción se manifiestan puede ayudar a reducir las posibilidades de error, pero tampoco nos garantiza poder conocer a ciencia cierta cuál ha sido la causa de la emoción que la expresión de la otra persona refleja.

Y tú, ¿has cometido alguna vez el error de Otelo?

¿Puede Wendy ser feliz? El complejo de Peter Pan y el dilema de Wendy

En el último post hablábamos del síndrome de Peter Pan. En la obra de teatro original de James Matthiew Barrie aparecen, entre los personajes secundarios, dos femeninos que cobran una gran importancia a medida que avanza la trama: el hada Campanilla y Wendy.

Peter Pan, Wendy y CampanillaDado que el objetivo de esta serie de publicaciones es realizar un recorrido por los síndromes que reciben su nombre de personajes de ficción, nos centraremos en la segunda, aunque hemos de reconocer que Campanilla, la celosa, vanidosa y sobreprotectora hada en la historia original, pizpireta y entrañable en la versión de Disney, supone también un personaje arquetípico en nuestra sociedad y tiene un papel relevante en el mantenimiento de la forma de funcionar de Peter Pan. (Si quieres saber más, aquí te dejo un artículo de Evolución Consciente).

Wendy desempeña en la historia de ficción, así como en la vida de los hombres con síndrome de Peter Pan, el rol de mamá cuidadora y protectora. Dan Kiley, autor de «El Síndrome de Peter Pan: Hombres que no han crecido», describe en su obra a esta figura. Cariñosa, sensible y paciente, se muestra compasiva y dispuesta a asumir todas aquellas responsabilidades y compromisos de los que Peter rehuye. ¡Si hasta los malvados piratas ansiaban sus cuidados!

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Detalle de la escultura de Peter Pan – Palacio de Egmont, Bruselas

A voz de pronto, este tándem Peter-Wendy parece reflejar la pareja perfecta: una pareja en la que los roles se complementan y las necesidades de ambas partes (uno, de ser cuidado, atendido y consentido como un niño, la otra de cuidar, proteger y sentirse imprescindible, actuando como una madre) se ven cubiertas. Algunas personas llegan a un acuerdo tácito y logran encontrar el equilibrio en este tipo de relación, sin embargo, la realidad de este tipo de parejas suele distar mucho de una complementariedad sana: las posiciones de los dos miembros no son simétricas, como cabría esperar en una relación entre adultos, sino que el trato y el patrón de interacción es más similar al de una madre protectora al cargo de un menor necesitado de cuidados que al de una pareja.

Si bien desde fuera puede parecer que nuestra Wendy da muestras constantes de amor hacia su Peter, ésta suele sufrir enormemente en sus intentos por satisfacer todas las necesidades de la persona o personas que cree a su cargo. De hecho, la imagen que Wendy tiene de si misma se alimenta de su capacidad para complacer a los demás: suele tratarse de una mujer insegura y dependiente que, mediante el cuidado y la satisfacción de las necesidades del otro, le cede las riendas de su vida y el control de sus decisiones.

wendyYa avanzábamos en el post anterior que suele ser Wendy quien, en un intento de mejorar su relación y paliar su insatisfacción y su frustración, busca ayuda psicológica. De hecho, los problemas de pareja son el motivo principal por el que un hombre Peter Pan acude a consulta: ante el temor a ser abandonados por su pareja, acceden a la propuesta de iniciar un proceso terapéutico, bien individual o, en la mayoría de los casos, de pareja.

Algunas de las facetas más relevantes a trabajar en terapia tienen que ver con el establecimiento de límites claros en la pareja: no todo está permitido para Peter, y no todo es permisible por parte de Wendy, quien debe aprender a no ceder ante comportamientos inadecuados.

La atribución y el reparto de responsabilidades en la pareja constituye un punto en el que resulta necesario insistir: es frecuente que Wendy tienda a cargar con culpas que no le corresponden y a disculparse constantemente por sus «fallos» a la hora de complacer y cubrir las necesidades de las personas que la rodean.

Por último, hay que tratar de potenciar de la individualidad de cada uno de los miembros de la pareja: la valía de cada uno de ellos por separado, más allá de los cuidados (dados o recibidos por el otro), y la conquista de su autonomía, que permitirá a cada uno de ellos recuperar el protagonismo de su propia vida.

 

 

Atentados en París: ¿Cómo se lo explicamos a los niños?

El mundo occidental está de luto. Es inevitable sentir ira, rabia, miedo e impotencia ante lo que está sucediendo en nuestros días. Y aunque los atentados de París no son más graves que las aberraciones que tienen lugar en otros lugares del globo, quizá por la proximidad geográfica y por la fácil identificación con la población francesa, muchas personas se sienten gravemente afectadas por lo ocurrido el pasado viernes entre los distritos 10 y 11 de la Ciudad de la Luz.

Cuando tienen lugar sucesos de esta envergadura, muchos adultos optan por aislar a los menores, tratar de mantenerlos por todos los medios al margen de toda información al respecto. Sin embargo, aunque la intención de protección es buena, sabemos que los niños son enormemente sensibles a todo lo que sucede a su alrededor, y por ello nuestra buena intención puede resultar contraproducente.

niño triste blanco y negroAunque los mantengamos alejados del bombardeo mediático que estamos sufriendo estos días, los niños, incluso los más pequeños, tienen capacidad para percibir nuestros estados de ánimo: notan nuestra inquietud, nuestra tristeza, nuestra rabia y nuestro miedo.

Debemos tener en cuenta que, hasta los 6 años, los niños tienen un funcionamiento «egocéntrico», es decir, se consideran responsables de lo que ocurre a su alrededor. Si captan que algo no va bien, que estamos desmoralizados, preocupados o angustiados, inmediatamente se atribuirán la responsabilidad de nuestro sentir: «Si mamá está triste, es por mi, por algo que yo he hecho». Por eso resulta fundamental hablar con ellos, con términos sencillos de entender, sobre cómo nos sentimos y cuáles son las causas de nuestro malestar.

Al explicarles lo ocurrido, no es necesario entrar en demasiados detalles. Y, por supuesto, en la medida de los posible, debemos limitar la exposición a las terribles imágenes que, a nosotros mismos, nos está costando asimilar por su crudeza y su fuerte carga de violencia. Los adultos debemos ayudarles a interpretar lo que han visto y, aunque no nos explayemos en los detalles, es recomendable que evitemos mentir. Resulta tentador decir cosas como que «aquí no va a ocurrir» o que «no va a pasarle a nadie cercano» para aliviar su incertidumbre y su preocupación, pero no debemos asegurarles algo que no podemos garantizar.

Podemos preguntarles qué han visto, qué creen que ha pasado y, a partir de ahí, construir una explicación sencilla y asequible, que será suficiente, siempre y cuando quedemos a su disposición para ampliarla o responder a sus preguntas, si es que ellos desean saber algo más.

Los niños más mayores pueden preguntarse qué puede llevar a una persona a querer matar a otras así. A nosotros también nos cuesta entender las motivaciones tras los actos terroristas. No es necesario que finjamos: podemos reconocerlo, lo que validará su emoción y les hará sentirse comprendido. Podemos transmitirle que las personas que cometen este tipo de acciones buscan provocar miedo, inseguridad y odio, y que la mejor forma de hacerles frente es, precisamente, no darles eso que buscan, y tratar de continuar llevando una vida normal, aunque resulte difícil.

Es importante que, a pesar de nuestra propia incertidumbre, tratemos de infundirles seguridad, transmitiéndoles que se trata de un asunto «de mayores» que los adultos intentarán solucionar, y que Mamá, Papá, los profes y todos los demás adultos estamos para protegerles y cuidar de ellos allí donde estén (en casa, en el cole, en la piscina, en la calle…)

No debemos perder de vista a aquellas personas (niños y mayores) que han sufrido recientemente situaciones de alto estrés o de gran impacto traumático. Pérdidas recientes accidentes y situaciones de violencia dejan huellas que pueden reactivarse, heridas que pueden volver a abrirse por la exposición a esta información.

La revista infantil francesa Astrapi publicó el pasado fin de semana un suplemento en el que explicaba la noticia a sus pequeños lectores. Han tenido el detalle de compartir el documento, ilustrado por Frédéric Benaglia, en formato pdf. Puede servirnos de inspiración a la hora de afrontar la difícil tarea de hablar de estos dolorosos acontencimientos. Puedes encontrarlo aquí: Astrapi Atentados Paris

Panorámica nocturna París desde Arco del Triunfo

Que París, y el mundo entero, vuelva a iluminarse con la luz de la paz.