De metáforas, cuentos, princesas y síndromes.

Nuestra día a día está invadido de metáforas. Sí, esta palabreja que nos traslada a la época colegial y recordamos como uno de los recursos literarios que tuvimos que estudiar hace tanto tiempo se cuela, sin permiso, en nuestras conversaciones cotidianas.

cerilla ardiendo sobre fondo negroHablamos de que «estamos muy quemados», de «unas palabras que duelen», o de «historias que transportan a otro mundo». Pero sabemos que ni hemos sufrido quemaduras en nuestro cuerpo, ni un conjunto de letras mezcladas puede causar una herida ni podemos viajar a subidos en un dvd o a lomos de un libro, por bueno que éste sea. Estas expresiones nos permiten ilustrar, empleando sentidos figurados, ideas complejas que, de otro modo, sería difícil comunicar.

En el contexto terapéutico no podía ser menos, y las metáforas son «nuestro pan de cada día» (y no porque la dieta de los psicólogos sea así de frugal…). Entre nuestros recursos, que no son pocos, están también los cuentos. Esas historias, algunas populares, otras no tan conocidas, a veces incluso algunas ideadas para la ocasión, y permiten entender, representar y explicar cuestiones a las que nuestros consultantes, nosotros mismos y cualquier ser humano puede enfrentarse en su vida cotidiana.

BlancanievesA veces sucede que no sólo hacemos uso de estos recursos, sino que resultan tan útiles, tan socorridos y tan fácilmente comprensibles que incluso se utilizan para dar nombre a síndromes y trastornos, a cuadros que, aunque no aparecen como tales en nuestros manuales diagnósticos (nuestras «Biblias», DSM-V, CIE 10), forman parte de la casuística a la que nos enfrentamos a diario.

Se me ha ocurrido (igual es una bomberada de las mías…) que podría dedicar algunos posts a esta cuestión. Espero que os resulte de interés y que, si os apetece, aportéis vuestro granito de arena en forma de experiencia u opinión.

¿Comenzamos?