El complejo de Jonás: “No soy capaz de lograrlo”

Comenzamos la semana con una nueva publicación de la serie sobre síndromes y complejos con nombres literarios. Esta vez no será Disney quien arroje luz sobre la historia del personaje que nos atañe; ya contamos con su ayuda para hablar del Síndrome de Blancanieves y del tándem Peter Pan y Wendy. Hoy tomaremos como punto de partida un fragmento del libro más vendido de todos los tiempos: La Biblia.

Biblia antiguaJonás es uno de los profetas cuya historia se relata en el Antiguo Testamento. No sólo aparece en el libro sagrado del Cristianismo, sino que es citado también en el Corán. Aunque debe su fama al dudoso mérito de ser tragado y escupido tres días después por una ballena, la verdad es que uno de los libros de la Biblia lleva su nombre; y es que la escena del cetáceo es sólo una parte de sus periplos…

La parte de la historia de Jonás que nos interesa para comprender el complejo al que Abraham Maslow bautizó con su nombre es aquella en la que Yahvé le encarga a Jonás la realización de una tarea: debe viajar a la ciudad pagana de Nínive y anunciar a sus habitantes el mensaje de su pronta destrucción. Jonás duda de su capacidad para cumplir con la encomendación y huye, dando pie con esto a una serie de sucesos que dificultan su supervivencia y, valga decirlo, tampoco benefician a los personajes que le rodean.

Y bien, ¿qué tiene este relato bíblico que ver con nosotros? Maslow, uno de los padres de la Psicología Humanista, emplea esta historia para ilustrar como en muchas ocasiones la inseguridad sobre nuestras habilidades y competencias nos provoca tal ansiedad y temor al fracaso que, como Jonás, pisamos el acelerador (metafóricamente hablando) en dirección opuesta a la tarea que tenemos que cumplir, o a la meta que queremos alcanzar. De esta manera, nos autosaboteamos, alejándonos del éxito, ya no por nuestra incompetencia o por los errores que potencialmente podamos cometer en el camino, sino por no asumir el riesgo de fallar y por el temor a las consecuencias de que las cosas salgan bien.

Maslow plantea que las personas no sólo tememos al fracaso: también tenemos miedo al éxito, nos asusta alcanzar nuestras máximas posibilidades. Podemos fantasear, vislumbrarnos alcanzando todo aquello que deseamos, siendo las mejores versiones de nosotros mismos… Pero al mismo tiempo, nos aterroriza la posibilidad de lograrlo: podemos anticipar que, además de admiración y respeto, quizá despertemos envidias, que nuestro entorno puede responder de manera hostil y que, el éxito puede, por tanto, acarrearnos consecuencias negativas. Y, como a nadie le gusta tener miedo, para evitarlo, nos autolimitamos. Nos escondemos, nos quedamos en nuestra zona de confort, en nuestro refugio.

Atrapados, como Jonás en la ballena.

Jonás en la ballena

Resulta paradójico cómo, si confiásemos en nosotros y en nuestro potencial, la situación podría ser resuelta. Sin embargo, nos sentimos insegurosla posibilidad de éxito nos aterra y nos lleva a poner en marcha una serie de planes, a emprender una serie de acciones que, como decíamos, no sólo no nos acercan a nuestros objetivos, sino que se convierten en sí mismas en obstáculos a superar. En pocas palabras: los intentos de solución a un problema que no existe se convierten en sí mismos en problemas.

Si te sientes identificad@ con esta historia y crees que, de algún modo, tú también te estás boicoteando, alejándote de aquello que deseas y podrías alcanzar y conformándote con una mediocre versión de ti mism@, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Al igual que Jonás, tú también puedes “salir de la ballena”.

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El error de Otelo: ¿Qué ha desencadenado la emoción?

El síndrome de Otelo toma su nombre de la popular tragedia de William Shakespeare, “Otelo, el moro de Venecia”, escrita en 1603.

Otelo William Shakespeare Síndrome PsicologiaLa obra, que gira en torno a una compleja trama amorosa que no desvelaremos aquí, tiene en los celos uno de sus temas principales. En esta ocasión se trata de celos infundados, provocados por la mala intención de algunos de los personajes y alimentados por una serie de desafortunados malentendidos… Pero las consecuencias resultan trágicas e irreversibles: la obra acaba con la muerte de varios personajes, entre ellos Desdémona, esposa de Otelo, quien, presa de los celos asesina a su mujer y después se suicida.

Por desgracia, prácticamente cada semana nos llegan noticias a través de los medios de comunicación de algún final tan terrible como éste.

alone-513525_1280La clave del síndrome de Otelo reside en el hecho de que el personaje confunde la causa de la expresión emocional de su mujer: Desdémona mostraba miedo, sí. Pero temía no ser creída por su marido, quien sospechaba que ella le engañaba. Éste, sin embargo, atribuyó a ese miedo un origen distinto: consideró que el miedo de su esposa era una prueba más de su infidelidad, que ella se mostraba aterrada ante la idea de ser descubierta y castigada por su flagrante adulterio.

Podemos encontrar en Internet numerosos artículos sobre este síndrome, su causas y consecuencias, su relación con distintos trastornos clínicos y con el consumo de sustancias, su análisis desde la Sexología, las dificultades relacionales de las personas que lo padecen… Si quieres leer sobre ello, te recomendamos el articulo del blog “Sobre Psiquiatría, Adicciones, Neurociencias…”.

Nuestro objetivo hoy no es analizarlo en profundidad, sino hacer énfasis en algo mucho más general que supone la base de este síndrome y que podemos resumir en una sola frase:

Las expresiones emocionales no nos revelan su causa, por lo que sería un error darla por supuesto (el “error de Otelo”).

chica triste mirando al suelo psicologia emocionesCon frecuencia realizamos atribuciones erróneas sobre el origen de los estados de ánimo de las personas que nos rodean. Muchos factores interfieren en nuestra interpretación de una expresión emocional: nuestro propio estado de ánimo, nuestras actitudes, expectativas y prejuicios e incluso lo que queremos o no queremos creer (porque nos beneficia en el primer caso y podría perjudicarnos en el segundo).

Tener en cuenta la situación en la que las evidencias de la emoción se manifiestan puede ayudar a reducir las posibilidades de error, pero tampoco nos garantiza poder conocer a ciencia cierta cuál ha sido la causa de la emoción que la expresión de la otra persona refleja.

Y tú, ¿has cometido alguna vez el error de Otelo?

¿Puede Wendy ser feliz? El complejo de Peter Pan y el dilema de Wendy

En el último post hablábamos del síndrome de Peter Pan. En la obra de teatro original de James Matthiew Barrie aparecen, entre los personajes secundarios, dos femeninos que cobran una gran importancia a medida que avanza la trama: el hada Campanilla y Wendy.

Peter Pan, Wendy y CampanillaDado que el objetivo de esta serie de publicaciones es realizar un recorrido por los síndromes que reciben su nombre de personajes de ficción, nos centraremos en la segunda, aunque hemos de reconocer que Campanilla, la celosa, vanidosa y sobreprotectora hada en la historia original, pizpireta y entrañable en la versión de Disney, supone también un personaje arquetípico en nuestra sociedad y tiene un papel relevante en el mantenimiento de la forma de funcionar de Peter Pan. (Si quieres saber más, aquí te dejo un artículo de Evolución Consciente).

Wendy desempeña en la historia de ficción, así como en la vida de los hombres con síndrome de Peter Pan, el rol de mamá cuidadora y protectora. Dan Kiley, autor de “El Síndrome de Peter Pan: Hombres que no han crecido”, describe en su obra a esta figura. Cariñosa, sensible y paciente, se muestra compasiva y dispuesta a asumir todas aquellas responsabilidades y compromisos de los que Peter rehuye. ¡Si hasta los malvados piratas ansiaban sus cuidados!

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Detalle de la escultura de Peter Pan – Palacio de Egmont, Bruselas

A voz de pronto, este tándem Peter-Wendy parece reflejar la pareja perfecta: una pareja en la que los roles se complementan y las necesidades de ambas partes (uno, de ser cuidado, atendido y consentido como un niño, la otra de cuidar, proteger y sentirse imprescindible, actuando como una madre) se ven cubiertas. Algunas personas llegan a un acuerdo tácito y logran encontrar el equilibrio en este tipo de relación, sin embargo, la realidad de este tipo de parejas suele distar mucho de una complementariedad sana: las posiciones de los dos miembros no son simétricas, como cabría esperar en una relación entre adultos, sino que el trato y el patrón de interacción es más similar al de una madre protectora al cargo de un menor necesitado de cuidados que al de una pareja.

Si bien desde fuera puede parecer que nuestra Wendy da muestras constantes de amor hacia su Peter, ésta suele sufrir enormemente en sus intentos por satisfacer todas las necesidades de la persona o personas que cree a su cargo. De hecho, la imagen que Wendy tiene de si misma se alimenta de su capacidad para complacer a los demás: suele tratarse de una mujer insegura y dependiente que, mediante el cuidado y la satisfacción de las necesidades del otro, le cede las riendas de su vida y el control de sus decisiones.

wendyYa avanzábamos en el post anterior que suele ser Wendy quien, en un intento de mejorar su relación y paliar su insatisfacción y su frustración, busca ayuda psicológica. De hecho, los problemas de pareja son el motivo principal por el que un hombre Peter Pan acude a consulta: ante el temor a ser abandonados por su pareja, acceden a la propuesta de iniciar un proceso terapéutico, bien individual o, en la mayoría de los casos, de pareja.

Algunas de las facetas más relevantes a trabajar en terapia tienen que ver con el establecimiento de límites claros en la pareja: no todo está permitido para Peter, y no todo es permisible por parte de Wendy, quien debe aprender a no ceder ante comportamientos inadecuados.

La atribución y el reparto de responsabilidades en la pareja constituye un punto en el que resulta necesario insistir: es frecuente que Wendy tienda a cargar con culpas que no le corresponden y a disculparse constantemente por sus “fallos” a la hora de complacer y cubrir las necesidades de las personas que la rodean.

Por último, hay que tratar de potenciar de la individualidad de cada uno de los miembros de la pareja: la valía de cada uno de ellos por separado, más allá de los cuidados (dados o recibidos por el otro), y la conquista de su autonomía, que permitirá a cada uno de ellos recuperar el protagonismo de su propia vida.