¿Cómo se afina un/a buen/a terapeuta?

Los terapeutas debemos tener en cuenta que nuestro instrumento para hacer terapia somos nosotros mismos.

Cuando tenemos un instrumento musical y queremos que suene bien, antes de intentar tocar una melodía debemos comprobar que está bien afinado.

¿Cómo se afina un terapeuta? Con formación, supervisión y mucho (¡mucho!) trabajo personal.

Nosotros, como los instrumentos, una vez afinados no permanecemos así para siempre: Necesitamos de vez en cuando una puesta a punto.

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Hay quien piensa que los terapeutas somos cotillas. A mí me gusta decir que somos curiosos profesionales. Probablemente la curiosidad sea una de las características de base en todos nosotros. ¿Quién querría escuchar las historias de la vida de la gente? Un rato, casi cualquiera. Una jornada completa, sólo unos cuantos. ¿Cada día laborable durante el resto de su vida? Solamente los curiosos profesionales.

Pero ojo, que ser chismoso no es lo mismo q ser cotilla, y ser cotilla no es ser terapeuta. Aunque la traigamos instalada de serie, la curiosidad se educa, se aprende… Se entrena para convertirla en curiosidad terapéutica.

La curiosidad resulta, entonces, uno de los componentes fundamentales de la terapia. Junto con el respeto, la claridad, la confidencialidad y las reglas explícitas conforman el marco de trabajo terapéutico, la partitura sobre la que terapeuta y paciente escriben juntos su melodía.

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Se acabó tu aracnofobia

Joshua Slice es el responsable de la desaparición de tu miedo a las arañas. Este animador vio un meme de una pequeña araña refugiándose de la lluvia entre unas hojas y encontró la inspiración: dibujar una pequeña araña adorable y ponerle la voz de su sobrino de 5 años, Lucas.

Así surge esta serie de vídeos que te harán cambiar la percepción que tienes de las arañas. Puedes encontrarlos todos en su canal de YouTube.

¿Sigues pensando que son animales espantosos y peligrosos?

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Miau. Es broma, soy una araña.

De metáforas, cuentos, princesas y síndromes.

Nuestra día a día está invadido de metáforas. Sí, esta palabreja que nos traslada a la época colegial y recordamos como uno de los recursos literarios que tuvimos que estudiar hace tanto tiempo se cuela, sin permiso, en nuestras conversaciones cotidianas.

cerilla ardiendo sobre fondo negroHablamos de que “estamos muy quemados”, de “unas palabras que duelen”, o de “historias que transportan a otro mundo”. Pero sabemos que ni hemos sufrido quemaduras en nuestro cuerpo, ni un conjunto de letras mezcladas puede causar una herida ni podemos viajar a subidos en un dvd o a lomos de un libro, por bueno que éste sea. Estas expresiones nos permiten ilustrar, empleando sentidos figurados, ideas complejas que, de otro modo, sería difícil comunicar.

En el contexto terapéutico no podía ser menos, y las metáforas son “nuestro pan de cada día” (y no porque la dieta de los psicólogos sea así de frugal…). Entre nuestros recursos, que no son pocos, están también los cuentos. Esas historias, algunas populares, otras no tan conocidas, a veces incluso algunas ideadas para la ocasión, y permiten entender, representar y explicar cuestiones a las que nuestros consultantes, nosotros mismos y cualquier ser humano puede enfrentarse en su vida cotidiana.

BlancanievesA veces sucede que no sólo hacemos uso de estos recursos, sino que resultan tan útiles, tan socorridos y tan fácilmente comprensibles que incluso se utilizan para dar nombre a síndromes y trastornos, a cuadros que, aunque no aparecen como tales en nuestros manuales diagnósticos (nuestras “Biblias”, DSM-V, CIE 10), forman parte de la casuística a la que nos enfrentamos a diario.

Se me ha ocurrido (igual es una bomberada de las mías…) que podría dedicar algunos posts a esta cuestión. Espero que os resulte de interés y que, si os apetece, aportéis vuestro granito de arena en forma de experiencia u opinión.

¿Comenzamos?